“Sabe qué, hasta aquí
llegué yo. Ya no sigo más. Yo
estaba aquí por los dos, pero
ya que usted no quiere, no
peleo más”, le gritó.
Una y otra vez, Amayita
le suplicó que no truncara
su carrera por un error suyo;
que no acabara con la única
ilusión que tenía en la vida.
Tras un instante de silencio,
ambos cruzaron miradas.
“Hagamos un pacto: usted
deja las drogas y yo sigo
en el boxeo”, le dijo Mauricio.
La decisión fue difícil,
pero con el apoyo de Mauricio,
los Narcóticos Anónimos
y la iglesia Asambleas
de Dios, Amaya comenzó la
lucha contra la droga.
En abril del 2001, la
oportunidad de administrar
una planta de distribución
de pescado, obligó a Mauricio
a mudarse al Valle Central.
Agradecido, Manuel lo
acompañó hasta Heredia,
para ayudarle en el negocio.
Durante meses, los días de
ambos transcurrieron entre
la construcción de la planta,
los entrenamientos de boxeo
y los paseos dominicales que
Mauricio organizaba para
distraer a su amigo.
El nuevo trabajo y su integración
a Hogares Crea inyectaron
en Amaya motivación
extra para enfrentarse a
los vicios y a un nuevo golpe
bajo del destino.
Las jornadas de trabajo
hicieron regresar el dolor en
la cintura de Mauricio y la
decisión de los médicos fue
tajante: el Toro Mauro no
podrá volver a boxear.
Rehabilitado de las drogas,
Amaya recibió una oferta
de empleo en el Depósito
Libre de Golfito y volvió a su
tierra.
Durante seis años, los
amigos se separaron hasta
que Manuel decidió dejar su
trabajo y pedir una oportunidad
en la nueva planta de
exportación, propiedad de
Fernández.
Hace unas semanas, la
firma Multimar abrió el primer
supermercado de mariscos
del país, con Manuel
Amaya como su administrador