“Acercándonos a los jóvenes para alejarlos de las drogas”
“No tengamos miedo de enfrentar
a las drogas y vencerlas”
Periódico El Pacto
Doctora Guiselle
Amador, Directora
del IAFA.
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“Acercándonos a los jóvenes para alejarlos de las drogas”
Periódico El Pacto
Quiero decirle al pueblo de Costa Rica que me atienda. Los padres de familia, los jóvenes, los niños, las autoridades de nuestro país, que también me pongan atención.

Quiero decirles que por favor, NO TENGAMOS MIEDO, que el miedo no nos debe detener en esta lucha. El miedo no nos tiene que vencer, por el contrario, debemos actuar con valentía y confianza en Dios. El Señor Dios nos dice en el Salmo 91 que Satanás hace todo lo posible para atraparnos, que es el diablo quien nos pone trampas para hacernos caer.

Nosotros sabemos que hay un gran culpable por cada ser humano que es arrastrado a la perdición, a causa de las drogas y de otros males: ese gran culpable es Satanás. Hombres y mujeres que están hoy día metidos en la droga, señores proveedores de estupefacientes: Quiero pedir a ustedes muy especialmente que por favor piensen, que se pongan la mano en el corazón y recapaciten.
Miren tod el dolor y la angustia que ustedes causan en los hogares de Costa Rica, por estar atrapados en las trampas de Satanás.
Ustedes están dominados por el vicio, por la codicia y la ambición. El diablo los tiene en sus manos y es por eso que muchas mamás y muchos papás tienen hoy día desgarrado el corazón de tanto que sufren por sus hijos víctimas de las drogas.

Nosotros queremos ayudarles, sepan que estamos a su servicio y que en el momento en que deseen salir de ese mundo tan cruel, pueden contar con nosotros.

Esta campaña en la que estamos, es por el futuro de Costa Rica, que son los niños, y por las madres y padres que han perdido la paz de su hogar por un hijo o una hija adicta. Pero esta campaña, amigas y amigos, no la podemos hacer solos, necesitamos más y más gente unida en este esfuerzo. Lo que queremos es que usted se nos ponga a la par para que así, poco a poco, sumemos más y más gente, hasta tener un grupo grande y fuerte de personas de toda Costa Rica, dispuestas a esforzarse y a luchar contra las drogas.

Solamente juntos podremos vencer a este enemigo, a esta maldita droga que acaba con la paz en los hogares y en nuestras comunidades, que arrastra a pobres y a ricos, a niños, jóvenes y adultos, a hombres y mujeres.

Llámenos al teléfono 8391- 5747 y búsquenos. A todos ustedes los estamos esperando, los necesitamos para formar parte de este grupo de gente buena y así iniciar una nueva etapa en la sociedad costarricense.
Una historia que nos reveló una dura realidad

Cuando en diciembre de 2007 publicamos el libro El Pacto, sentimos que era el inicio de tiempos mejores en materia de prevención de las drogas. Recibimos gran respaldo de la prensa escrita, la radio y la televisión, cuyas empresas dieron cobertura informativa a la publicación del libro, desempeñando una gran labor en cuanto a la difusión del testimonio que ahí se describe.
De todas partes de Costa Rica recibimos llamadas felicitándonos, pero sobre todo, solicitando charlas sobre las drogas y el testimonio de Manuel Amaya en persona.

Acudimos en repetidas oportunidades a escuelas, colegios, iglesias, instituciones, empresas y sitios públicos de diversa índole, nos dimos cuenta de una sociedad ansiosa y sedienta de información y conocimiento sobre el problema de adicción a las drogas.

Comprobamos en el dolor, en los ojos tristes y en la mirada preocupada de madres y padres de familia, cuánto daño, cuánta destrucción y cuánto llanto hay en las familias de Costa Rica a consecuencia de la drogadicción.

Una dura realidad que al compartir la historia de Manuel Amaya, apareció ante nosotros: la droga es la más grande preocupación, la mayor tristeza, el peor enemigo que tiene hoy día el país, la sociedad en general y miles de familias en cada rincón de Costa Rica.

Nos ilusionó saber que nuestro testimonio era muy bien recibido por los jóvenes y los padres y madres de familia. Nos entusiasmó
observar que el libro El Pacto lo compraba gente que creyó en él como un instrumento para intentar rescatar a algún conocido, vecino o familiar, agobiado por las drogas.

En cada uno de los lugares donde llevamos el testimonio, sentimos el cariño y el agradecimiento de la gente por la esperanza que significaba nuestro testimonio