“Acercándonos a los jóvenes para alejarlos de las drogas”
Firme en lucha contra las drogas
Periódico El Pacto
Doctora Guiselle
Amador, Directora
del IAFA.
Mauricio Fernández
Un gran saludo para todos ustedes. Este
periódico es una más de las acciones que
nos hemos propuesto llevar a cabo para
ayudar a las madres, a los padres de familia y a
la comunidad nacional en general, en esta dura
tarea de lucha contra las drogas.

Todos los hombres y mujeres de bien tenemos
que unirnos para tratar de rescatar a aquellos
miles de jóvenes que hoy día están viviendo
la más cruel de las pesadillas, al haberse metido
un día a probar y consumir drogas.

Pero sobre todo, tenemos que dar nuestro
máximo esfuerzo, para llevar información, toda
la información posible a nuestros niños, de una
manera muy preventiva, para que tengan el conocimiento
que necesitan para decirle NO A LAS
DROGAS.

Tenemos, cada día más vivo, el testimonio de
Manuel “Amaya” González, protagonista del libro
“El Pacto”, una lección de vida que sirve a todos
para dar a conocer lo que significa caer en la oscuridad
de las drogas, arrastrarse por un mundo
de verdadera muerte, estar a punto del fin y levantarse
para nacer a una nueva vida.

Un testimonio que hoy Manuel Amaya puede
compartir con ustedes gracias a la decisión
que un día tomó, agarrado de la mano de Dios,
de sobreponerse, ser valiente, aguantar duro
y alejarse del crack, la marihuana, la cocaína, y
todo tipo de drogas.

Como yo mismo lo digo en la página 89 del
libro El Pacto “La forma en que Amaya supo
sobreponerse, cuando más cerca de la muerte
estaba, es toda una enseñanza, un ejemplo y un
tremendo mensaje que deja claro a todos que ¡SÍ
SE PUEDE!”

Estamos en esta lucha porque queremos ser
parte de un mejor país para todos, de una mejor
juventud y de una Costa Rica con madres y padres
más felices, no con tanto dolor como experimentan
muchas familias a causa de las drogas.

Bienvenido a este esfuerzo. ¡Es un gusto
compartir con usted!
Su amigo Mauricio Fernández
Manuel Amaya
Nos demuestra que ¡SÍ SE PUEDE!
Reciban mi gran saludo,
en forma cordial y fraterna.

Quiero darles las
gracias por recibir el mensaje
que aquí tenemos para cada
uno de ustedes.

Fui un niño que a pesar de
las pobrezas en que vivíamos
en mi casa, fui feliz, muy feliz
allá en mi tierra, Golfito.

Me gustó siempre el
boxeo, tenía cualidades para
ese deporte y por eso muy rápidamente
llegué a un ring y
muy rápido también llegué a
acumular 46 peleas invictas.

Entré a la profesional
y me comenzó a ir muy
bien. Por eso pronto me
contrataron en el extranjero,
en varios países,
donde hice muchas peleas.

Siendo muy joven llegué
a tener de todo: mucha
plata, mujeres, gente
que me rodeaba en todos
lados, y mucha fama.

Fui campeón nacional,
después campeón
centroamericano y después
campeón latinoamericano,
además ya estaba
en el ranking del mundo
y se me comenzaba a preparar
para la disputa del título mundial.


Pero, como lo describo en
el libro El Pacto en la página
19, una noche allá en Colombia,
viví el comienzo de la etapa
más fatal de toda mi vida:
me emborraché, probé la droga,
me gustó y de ahí en adelante
me convertí en un adicto
a la cocaína.


A partir de esa noche la
droga se apoderó de mí, me
lo fue quitando todo poquito a
despojó los sueños que tenía,
me atrapó, me consumió el
alma, me desgarró el corazón
y me hundió en lo peor.

“A partir de ahí sufrí, odié,
me odié a mí mismo y odié a
todos, me llené de amargura
y quedé abandonado en la soledad.


Cuando dejé de pelear,
dejé de tener plata… Fue entonces
cuando me di cuenta
que ya no era famoso, ya no
era nadie, tan solo un drogadicto
que andaba por las calles
rabiando por más y más droga…


Me quedé solo, como
ya no tenía dinero entonces
tampoco tenía amigos,
y no tenía nada: ni fama,
ni plata, ni amigos ni mujeres.


Perdí todo: el boxeo,
el prestigio, la fama, el dinero,
la familia, los amigos,
y lo que es peor: perdí mi
dignidad y mi fe en Dios.


El libro EL PACTO cuenta
todo eso que viví y que
forma parte de una dura
realidad en la que estuve
metido casi 20 años.
Ese libro, mis queridos
amigos y amigas, narra también
la felicidad que significó
para mí salir de ese terrible infierno,
luchar contra las drogas,
aguantar como los machos y
entrar en la recuperación: una
recuperación completa que
tiene que ver con lo espiritual,
con la fe en Dios, con la voluntad
de vencer a la muerte, con
un nuevo espíritu y una nueva
forma de ver la vida.


Una recuperación que
también tiene que ver con la
parte humana: con volver a
trabajar, volver a alimentarme,
con reconocer mis debilidades
y volver a creer además en las
personas.


Una recuperación que me
llevó a reconciliarme primero
con Dios, luego conmigo mismo,
después con mi familia y
luego con la sociedad.
Así fui recuperando mi
dignidad poco a poco y la confianza
de la gente en mí.


Pasaron casi 20 años en
las drogas hasta que logré salir
de ahí: Hoy me mantengo en
recuperación he vuelto a ser
feliz desde hace 11 años.
Como dijo Mauricio Fernández,
mi hermano, mi amigo,
SÍ SE PUEDE. Sí es posible
vencer a las drogas, todo es
cuestión de querer y de apoyarse
en Dios.
El Señor puso en mi camino
a Mauricio. Él, que tenía dinero
y era un empresario exitoso,
se propuso ayudarme a
salir de las drogas, me brindó
su mano, me ayudó, y gracias
a su persona lo logré, con la
gracia de Dios.


Este es nuestro testimonio.
Hoy Mauricio y yo estamos
juntos porque queremos
ayudar a otras personas que
viven ese infierno que yo viví.


Y estamos juntos porque queremos
ayudar a prevenir que
haya más niños y jóvenes drogadictos.


Por eso les traemos este
mensaje, este testimonio, este
Periódico y nuestra voluntad
de ayudar a todos quienes lo
necesiten.


De nuevo muchas gracias
y esperamos que usted se nos
sume en esta lucha, en esta
misión que queremos cumplir.